En esta marcha de la vida los caminos son intrincados,
a veces no puedo continuar.Se hace tarde y el cielo se oscurece, tengo miedo de perderme.
Piedras, solo piedras, no veo la pradera ni el verdor de los jardines,
solo la ausencia de flores.
Ni el fulgor de las estrellas en estas noches insolentes
que gritan lastimando la inocencia.
Luego nace el día y me protege sin preguntarme nada.
El sol es todo sonrisa y es ahora cuando le cuento lo triste que me siento.
Cuando sale la luna me asomo a la orilla del arroyo
y me veo tan plena como siempre.
Cuando el plenilunio se apaga comienzan los ruidos secretos de la noche.
Veo mis manos demasiado pequeñas y mis pies de niña,
A lo lejos el viento trae consigo un llanto suave.
Congoja, eres tu mi capullo.
Entonces te acaricio.
Ya no llores… dame fuerzas.

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