Los recuerdos son momentos atesorados en el alma, jamás se borran. Algunos son indelebles y acechan en la oscuridad para presentarse como verdugos; soy su esclava.
A lo lejos se oye el lamento de las vivencias tan hermosas que viví, las olvido pero ellas me hablan y eso me mantiene viva y vencedora.
Todo lo que decimos y hacemos queda labrado en la conciencia, al igual las cosas que nos dicen y nos hacen.
Esta guerra de pasiones se transforma en una cascada cristalina de pensamientos consumados. No dejemos que nos agobie la memoria negativa de un pasado, el presente nos grita su presencia…
¡Debemos obedecer su mandato y dar un salto a la libertad!

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