La hendija de una puerta entreabierta me invitaba a entrar; me tentó esa proyección de luz. Un estrecho camino se extendía a mi paso, lo seguí, sabía que me conduciría a un lugar especial. Comencé a sentirme subyugada, el placer invadía mis sentidos.
Ya no era yo, me había convertido en una mujer conquistada por el perfume que vagabundeaba en la habitación. Todo era tan suave y acogedor. El aire era acariciante y me entregué al delirio disfrutando el momento maravilloso que alguien me estaba regalando.
Una enorme biblioteca me hablaba, se meneaba con su gran porte haciéndose humana, los libros se movían en sus estantes y cada autor me saludaba. Algo mágico estaba sucediendo.
Embriagada por el hechizo me arrebujé en un sillón de pana y me adormecí. Aquí estoy ahora, despertando en mi cama. Por la ventana veo a la luna que traza un sendero plateado sobre la alfombra de mi cuarto.
¡¡¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!!!

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