Víctima de mi sueño quise hundirme en la blanda almohada, compañera de mis noches melancólicas unas e impías otras. Descubrí entonces un enorme sendero hacia abajo de mi edredón, infinito y muy oscuro y lo transité.
Un grito me detuvo. Alguien me llamaba con desesperación. Comencé a navegar por la oscuridad y ahí te encontré. Sequé tus lágrimas y besé tus labios. Tuve un miedo extraño pero dulce y amoroso.
No me importaba esta instancia, al menos te tenía conmigo. Mi temor ahora es volver a perderte. Me pregunto, “¿Acaso no he muerto todavía?”. Deseo que este sueño sea tan real como lo estoy viviendo.

Comentarios
Publicar un comentario