Algún día de estos, si se arma una tormenta, te imagino corriendo hacia mí para guarecerte de la lluvia.; aquí hay más follaje. Ya puedo sentir tu perfume. ¡Qué anhelo tan sublime! Me parece que ya es cierto.
No fue la lluvia, fue lo menos pensado. Te acercaste asustada.
- ‘¡Hay una abeja! Me dan miedo. Me vine hasta voz despacito, si me muevo quizás me ataque’.
- ‘No pasa nada, si nos quedamos quietos se va a ir. Se acercó para libar las flores, esta planta atrae a las abejas y ellas se defienden pensando que todo lo que se mueve las persigue. Quedate tranquila, ya se fue. ¿Vivís lejos?’.
- ‘No, a unas cuadras nomás. Me encanta venir a leer a esta plaza, hay tanta paz. ¿Viste? Me llamo Lucía. Bueno se me hizo tarde, igual un ratito me hice para venir. Chau, hasta otro momento.
‘Me llamo Pablo’, le dije. Me parece que vamos a tener otro encuentro, ojalá…
Me dijo su nombre…Le intereso pero a lo mejor no vuelve por las abejas. Todavía no ha regresado, sigo esperando con la vehemente evocación de aquella tarde. El pensamiento fuerte atrae lo que deseamos… Te espero Lucía.

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