Me fascina leer bajo la sombra, con el sol cerca haciéndome cosquillas. Me incorporé para estirar las piernas, creo que había pasado una hora y decidí irme. Cerré el libro y me despedí de los personajes por un rato, caminé entre la gente que por suerte era poca y disfruté de la tranquilidad del paseo.
Mañana de sábado, día de compras para el domingo. Me distraje por un instante cuando una pelota roja vino hacia mí, la quise alzar pero una señora me dijo: ‘Dejá, la levanto yo, es de mi nietito, Cris’.
- ’¿Me conoce? ¿Quién es?’. Me quedé helada, es mi compañera de secundaria, muy allegada por cierto. ‘¡Hola Clarisa! ¡Tantos años!’. Un abrazo fuerte y un beso selló nuestro encuentro.
- ‘Estamos cambiadas’.
- ‘Vos estas igual’
- ‘Estoy recién teñida. ¡Ja, ja!’.
- ‘Yo no tuve tiempo para ir a la pelu’.
Un chiquito rubio muy simpático irrumpió en nuestra conversación. Es Juan Martín, el dueño de la pelota.
- ‘Es igualito a vos’, le digo.
- ‘Sí, Mariela es idéntica a mi. Me casé con el novio de siempre, aunque tuve algunos “filitos”. Éramos muy chicos y después la vida nos unió de nuevo y aquí estamos’.
- ‘Yo me casé muy jovencita con un muchacho del interior, salteño, era un divino. Tuvimos cuatro hijos, tres varones y una niña pero todo se fue desgastando y hoy estamos separados’.
- ‘¡Cosas que pasan Clari!’.
Así transcurrió la charla. Nos contamos todo y, en una hora, recuperamos años de vivencias. Nuestro trato fue tan espontáneo, solo faltaba el timbre del último recreo. Jamás volvimos al aula. Nos despedimos con otro abrazo mas fuerte, como reteniendo un tramo de vida que, esta vez, caminaremos juntas. Intercambiamos los whatsapp y algunas lagrimitas quisieron brotar pero dije, ‘Esto no es una despedida, Clari, es un “hasta luego”.’.
Ella recompuso su carita y dijimos, - '¡De acuerdo!’.

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