Artífice de Pensamientos - RELATO BREVE

 

Pablo desde chico fue retraído, con ausencias como si algo o alguien lo atrapara. Atención dispersa en el aula y aprendizaje precario pero, aún así, terminaba la cursada a tiempo aprobando el año lectivo. Como si bajara de esa nube en la que vivía, su ‘yo’ emergía y se conectaba al mundo real. 

Esa era su pequeña vida en la cual parecía estar muy cómodo. Nunca me lo creí. Soy el único amigo de Pablo, el que hablaba de sus cosas, sus miedos ocultos e incomprendidos. ¡Y claro! Si solo yo los conocía. Todavía no sé qué nos unió; nuestras historias familiares, la orfandad temprana, quizá.

Perdí a mis padres cuando tenía cinco años en un accidente. El sufrió el abandono de una madre soltera muy joven, un padre desconocido, criado por un matrimonio adoptivo. Jamás hizo preguntas, es como si su alma se hubiera secado desde la concepción.

Pablo fue el artífice de su destino. Su corazón, un fabricante de pensamientos acuñados en el dolor, inventaba historias muy tristes, otras de aventuras con algo de diversión, en fin, una colección de imágenes increíbles, claro, lo que no podía protagonizar, lo imaginaba.

Llegaron los veinte años y él no quiso estudiar. Yo quiero ser abogado, estoy en eso, además somos vecinos. En este suburbio nos conocemos todos, somos una gran familia.

En estos días Pablo busca trabajo, está muy difícil. ¡Qué irrisorio! No quiso seguir ninguna carrera universitaria pero le gustan los libros, las historias y también escribe algunas. 

De vez en cuando las leo, tiene talento. Debería publicarlas, siempre se lo digo pero el desgano lo vence, está convencido que nada de lo que hace sirve. Ojalá pueda conseguir trabajo, eso lo salvaría de su letargo; tiene tanta riqueza en su mente, novelas, cuentos armados con la pluma imaginativa, a veces, me las creo, ¡Son tan verídicas! ¡Pobre Pablo! Tengo miedo que quede atrapado  en una de ellas.

Hoy es una tarde gris de otoño, estoy estudiando, tengo parciales. Estoy embotado, me acerco a la ventana, corro las cortinas y veo a Pablo que hizo lo mismo. ¡Ay, tiene un arma en la mano! Está sentado en el sillón. ¡Noooooooo! Voy a su casa lo más rápido que puedo. ‘Este es uno de sus cuentos’ pensé. El disparo se oyó antes de que yo llegara. 

Pablo ya no está, pasó a ser protagonista de su cuento sórdido y brutal. Me quedé con las manos y el alma vacías, mi vida ya no tiene sentido. Pablo… mi sombra, Pablo… soy yo.


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