Mis Dos Colores - MICRORRELATO

 

Cuando el carnaval se acercaba también se hacía presente mi tristeza, los vestidos se reían de mí y rozaban mi piel con una caricia cruel y burlona, no eran para mi, las otras nenas gozaban de sus luces y colores.

Mi prima se ufanaba de su disfraz brillante y me iluminaba, tal vez sin querer, ella también era inocente. Otras nenas del barrio se plegaban a esa algarabía, yo las observaba desde una hamaca inmóvil y con la carita empapada en sal ¿Por qué…? Jamás lo supe, nunca pregunté.

Y así pasaron los años…. Ya con doce el carnaval golpeó a mi puerta y le saqué la lengua, fui a mi ropero y saqué dos vestidos, uno era blanco y tenía unas margaritas en el cuello, el otro era amarillo ocre, un marinero con pollerita tableada y la casaca tenía corbata verde. ¡Me encantaba!

Me puse uno de los dos, el blanco, y corrí al patio riéndome muy fuerte y grité… ‘¡Soy una margarita!’. Nadie lo advirtió pero poco me importó. Brinqué por todo el patio y me hamaqué como loca; el silencio de siempre acunó mi alegría.

Cansada por tanto despliegue me refresqué las mejillas y cambié mi vestido, ahí me saludó el “marinero”, ¡Qué lindo me quedaba! En verdad lo adoraba, dentro de poco me iba a quedar chico, era el momento de lucirlo.

Comencé a cantar… qué sé yo, cualquier cosa, pero esta vez oí una voz muy suave, era mi prima, estaba disfrazada de marinera.

- ‘Hola’, le dije. Entonces me habló.
- ‘Tu traje está muy lindo, te queda muy bien’.

Me quedé muda de emoción pero también sentí duda. ¿Sería una de sus burlas? Sin embargo, vi que lloraba y balbuceaba un ´perdón´ lacrimoso. Era cierto. Desde ese momento no la volvieron a disfrazar y no pregunté nada. Me hubiera gustado que mi mamá también me hubiera disfrazado alguna vez pero igual, nunca pregunté nada.

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