Un recurrente sueño palpita ante mis ojos ávidos de ti. Deseo verte para contarte tantas cosas que siento en el pecho, a veces me ahogo y no respiro. Hay una pared que se interpone entre los dos, opaca la luz de la realidad y no te veo ni te oigo, es un silicio que va construyendo un muro implacable erigiendo su presencia voraz.
Los sonidos de la vida se extinguen, todo se va perdiendo en un ocaso negro donde ni siquiera se muere el sol porque ya no existe. Sin embargo, te imagino con las manos juntas en una genuflexión rogándole al Señor que derribe las piedras. Ahí amada eterna, nos vamos a encontrar.
El soplo del universo está por llegar, ese que da vuelta las cosas y no deja de bramar, ese que limpia los pecados, alivia las conciencias y despeja los cielos… Entonces nace el sol. De mi lado imploro con el credo de mi fe, ya oigo como la tierra se mueve y afloja el paredón. Caen mis lágrimas fecundas y se abre el surco... Nuestra semilla germinará.

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