El Duelo - MICRORRELATO


Vagabundeando en un atardecer cautivo de un día que no lo deja ser, se encuentra una sombra silenciosa, liviana, etérea como la existencia que se acaba. Ella no quiere acompañarla, decide huir de esa muerte. Aleteando plumas sin ser un ave, emigra hacia las algarabías pérdidas.

El jolgorio de la libertad la conduce, la inicia en la ruta de la búsqueda, no va a resistir la soledad sin el alimento esencial de una compañía. Alguien puede necesitar su calor y su sonrisa. En el camino encuentra una presencia sombría, rumor de sollozos… Alguien llora en un cuerpo angustiado. Se acerca y la empujan violentamente, la niña no se ha inmutado, pero sí su sombra, quien profiere un, -‘¡Fuera…!¡Yo soy su dueño!’

- ‘Ella llora, no le sirves de nada’.
- ‘No es asunto tuyo. Vete a tu tumba. Aquí solo hay vida.

Entonces se establece un duelo. Comienzan a luchar por el dominio, la niña ya no llora, comprende que han luchado por ella. Entiende que, si no hubiera sido por esta guerra, la tristeza hubiera destrozado sus estrenados quince años volviéndolos añicos. De pronto les habló, ‘¡Basta! Me quedo con las dos. Una me cuida con egoísmo y la otra me salva secándome las lágrimas. Sean amigas; necesito su abrazo.


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