¡Qué injusta! La llevé durante mucho tiempo, toda mi existencia. ¿Por qué espiarme si me tenía siempre? Aún en las intimidades no me dejaba en paz. Yo era su guía y ella mi acompañante, las dos convivíamos sin saber que éramos solo una; yo era y ella pretendía ser.
¡Qué difícil dejarla! Metafísicamente imposible. Recurrí al espejo, era ideal no verla. No podía andar por la vida con uno a cuestas. Hui de las penumbras, sitio elegido por ella, entonces decidí convertirme en una figura etérea. me despersonalicé sin darme cuenta poco a poco y no la vi más.
Me quedé solo, sin compañera, sin penumbras, sin espejos… Quise dejarla y me olvidé de mí. Ya no soy nadie. ¡Cuánto la necesito! Soy un vagabundo de mi presencia. Ojalá pueda volver a verla.

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