
Intento plasmar algo que tengo dentro. En un descuido cae la paleta colmada de colores y mancha el piso… Me gustan las formas, es una creatividad espontánea y accidental que me cautiva y me incita pero… ¿Cómo la transmuto al lienzo?
Mi inspiración flaquea, no puedo hacerlo. Las pastas se acomodaron y no quieren moverse. Comienzan a crecer en brillo y color; no estoy usando el pincel. No hay trazos pero todo se transforma en paisaje. Lago azul, cielo quieto presidiendo la pintura… ¿Quién los dirige? Un ocaso distraído.
Lo cierto es que se ha quedado en la madera del piso. Debo acunar mi obra en el regazo. La injuria de algunos me lastima tanto. Ellos creen que pinto la mentira de un misterio; provocan una molestia en mis manos y tristeza en el pincel. Me doy vuelta para dejar mi paleta y alguien me sopla los cabellos.
Giro hacia el lienzo y veo mi paisaje, tan flamante, descansando en la tela. Un milagro resucitó mi inspiración dando a luz a un hermoso retrato de la naturaleza. Alguien hizo de mi sugestión una imagen, bella, perfumada y glamorosa. La rescaté de mi torpeza y ella me recompensa besando la tela en su abrazo.
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