
llevándose de la arena todo lo que puede,
así la vida que construimos se fue mar adentro
para volver distinta, deshecha, sin memoria.
La sal corroe y el beso se debilita, el abrazo
huye del corazón como la arena opaca los brillos.
No sé qué vientos soplaron en estos días crueles,
pero no pudimos resistirlos.
Destrucción y olvido; no hubo tempestades,
solo abandono silencioso, suave un frío
congeló aquellas caricias y el grito de la indiferencia
de a poco fue dejando yerma el alma.
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