Llegaste a mí cuando yo no esperaba nada todavía, sola en mi estación dejando pasar muchos trenes. No podía subir a ninguno, hasta que te vi en la ventanilla, me miraste y sonreí. Fue como una invitación, me animé y me senté a tu lado con gran timidez, logrando vencerme a mí misma.
Iniciamos una comunicación cálida y graciosa, nos vinculamos con sonrisas y así comenzó el amor entre nosotros, travieso, tibio y atrapante. Acaricio tus cabellos brillantes, hundiéndome en el azul de tus ojos… Y te atrapo con mis caricias que se unen a tus besos anticipando la tormenta pasional que se avecina.Los truenos del deseo se fusionaron con el delirio y así fue como se opacaron los brillos, se apagaron las luces y ya no pude verte. Se consumió la flama; no te adivino como antes. Tu perfume se esfumó en la noche y nos quedamos solos corriendo detrás de los abrazos.

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