Comencé a inquietarme, a tal punto, que llegaron las lágrimas. Me sentí abandonada. Las tenía guardadas en un rincón de mi alma; se cansaron de ser elegidas disolviéndose en un limbo casi eterno.
Las oigo hablar entre ellas, ya no desean estar conmigo, pero ¿acaso no eran mías entonces las amadas palabras? ¿Adónde han ido peregrinas sin dueño?, Temo que algo o alguien las robe de mi vida para siempre.
Percibo su expectativa, están ahí, muy cerca, lo sé. Las espero anhelante, las quiero junto a mi. Ahora comprendo… Deben ser libres. Ellas vendrán a mí el momento justo .Las aguardo con respeto, las hago nacer, luego las regalo al viento y, en ese parir, te dedico un libro.
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