Ella no es mi dueña, solo me acompaña con su pegajosa presencia. no hace más que atacar mi sombra, temo que la desintegre y que esa orfandad acabe conmigo.
Un anochecer busqué mi figura difusa en la pared de siempre y ya no estaba, comprendí que se había cumplido lo tan temido. Ahora deambulo libre y liviano.
Percibo el sonido de mis pasos en la oscuridad, suave mi andar. De pronto se encienden las luces, el resplandor es muy fuerte, me enceguece. Este abandono de sombra beatifica mi peregrinaje...
...Ahora te veo y me veo en la sonrisa de los espejos.
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