
Su mesa, con un pocillo y un platito de alguna consumición; el espejo refleja su figura y devuelve una imagen cansada, tanto, que pasa su mano por la frente siguiendo por la calvicie. No hay tanta vejez en sus rasgos pero la jubilación ya lo había convocado.
La vida peina canas en un rápido instante y la melancolía embarga los corazones; los ratos libres se multiplican y es ahí cuando debemos ocuparnos. Siempre hay algo que nos conquista para seguir navegando en éstas nuevas aguas.
Yo lo comprendo al señor; he navegado también y he conocido muchos puertos en esta última etapa, interesante por cierto. El tiempo nuevo nos invita a la aventura, nunca se sabe adónde arribar. El barcito es un remanso para leer, pensar y decidir.
Comentarios
Publicar un comentario