Caminando por mi barrio me encontré con la Plaza Almagro, de Sarmiento y Salguero, hermoso rincón histórico de mis recuerdos. Me senté en un banco de piedra y una brisa me fue llevando de la mano.
¡Cuántas imágenes! Todas conocidas, todas vividas. No me di cuenta y llegó la tarde; el frescor de un día que se termina llevándose todos los brillos.
La realidad me conecta con los adioses y no puedo resistirlo; hoy ya es mañana y mañana es adiós. Estoy perdido en la tristeza. Vuelo entre la nubes y comienzo a comprender, estoy envuelto en un pasado que aún me abraza.
Alguien me bajó de la vorágine y estoy de nuevo en la plaza. Estoy contento, loco de alegría. ¡Tengo tanto que decir, que pedir! Es como si me hubieran bautizado de nuevo, he vuelto a nacer.
Alguien se sentó a mi lado, se me parece. Observo mis piernas y mi pantalón de niño, soy un visitante que bajó para reparar un eslabón de la cadena que se había roto.
Mi pluma inquieta se agita en palabras, saludo a mi niño y él me abraza...

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