Sueño Recurrente - MICRORRELATO

Suena el verdugo con su campana siniestra, me grita… No le hago caso, lo culpo de este infortunio diario y lo dejo. El tiempo me agita el pensamiento y camino por calles sin forma. Aún no llego y todo ha comenzado. La bandera duerme en la madera, espera encerrada, mi mano helada.

Las puertas se abren. No puedo entrar, no hay veredas y el viento se lleva todo. Los patios me saludan extrañados. La soledad es eterna, no hay pasos ni secretos, esos rumores huérfanos de verdad, hoy han faltado.

Sigo caminando, doy vuelta a la manzana para ver si es cierto; no hay perímetro, solo la fachada tan plana como la cabeza de algunos, casi todos, pero ya he llegado. Tenía una enorme pila de tareas pendientes; las tiré a la basura, es decir, las dejé en la sala.

 En cuanto pude dibujar una vereda, el eco de mi carcajada apagó el fuego y volaron cenizas como palabras. ¡Estaba tan cansada! Ni saludé al verdugo, ese que mato cada día. Acaricio el ribete de la frazada y vuelvo a cubrirme por completo. El viento se lleva todo, hasta me secó las lágrimas.


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