Es siempre el cielo, el mundo de los pájaros, cuna de algodones, encendido por el sol en las tardecitas se apaga derramando el azul pintado por el ocaso. Me entrego a esta ceremonia esperando el abrazo de la noche con su beso demorado.
El ronquido de la belleza se personaliza en la tempestad de un mar revelado, las aguas oscuras y la mueca de la tormenta. Sabemos que alguien abre las puertas y el cielo se desnuda luciendo un azul perfecto.
Soy la silueta reflejada en el lago espejando una azulina figura, tan etérea como una sombra; es mi alma que sobrevuela en gasas, en busca de otra que todavía no encuentro. Si me ves pasar, píntame un cielo para flotar entre las nubes hasta que vengas a buscarme.

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