
Mamá tuvo muchos hermanos pero nunca fueron mis tíos y yo no tuve hermanos, por eso todo fue aburrido. La tía Pula me hacía los dibujos, le salían muy lindos, ella se reía si yo la miraba un rato largo. Yo quería saber porque era mi ‘hermana’ si era sólo mi tía; siempre me decía ‘Si alguien te pregunta cuántos años tengo, decís veinticinco’. Y era tan linda…
Mamá atendía a mi abuela que estaba enferma- no podía caminar bien -, estaba muy ocupada, entonces la tía Pula me atendía a mí pero también trabajaba en casa. Cosía para sus clientas, tenía un espejo grandote para las señoras que se probaban los vestidos.
Me hice amiga del espejo, yo le hablaba y él me contestaba, cuando volvía de la escuela sabía que me esperaba; estaba harto de las señoras bochincheras. Pobre tía Pula, ella también se cansaba pero ese era su trabajo, además de ocuparse de mí, que soy mimosa y callada.
Cuando grande, no voy a ser tía y Pula será vieja pero de veinticinco años. Y si tengo hijos, ellos no tendrán tíos, ¡qué aburrido, o qué lindo!, Total ya tengo una hermana. Pula se ríe, la estoy mirando… Le pido permiso para acercarme al espejo.
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