Tan blanca y sutil presencia, eres la pureza de un alma en beso.
Tu mano suave me entrega una rosa perfumada, la tomo entre las mías,
y la brisa mueve tu cabello, alborota mi aliento y nace el amor.
Te abrazo y siento el embeleso de tu cáliz; comienzo a beber tu sonrisa.
¡Oh flor de un día, no te apagues, hazme creer que esto es cierto todavía!
Estoy fascinado. Sigo el camino y me sumerjo en tu ternura...
Te observo y aún estas encendida...

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