Una Tarde Parisina - MICRORRELATO


En un pequeño barcito parisino, mágico, erguido en las calles húmedas en una tarde fría, en un París típico de, nostálgicos poetas, aquí, una muchacha recostada en una pila de libros a consultar espera un café caliente para entrar en clima y pasar el frío.

Te vi acercarte directo a mí, no obstante, miré hacia atrás para ver si era a mí a quién te dirigías; me quedé quieta sorprendida esperando una palabra que jamás llegó. Tu presencia me fascinó, tu mirada penetrante, mansa pero decidida. Estabas muy cerca y levantaste tus manos haciendo un juego de dedos que no entendí; hice un esfuerzo para seguir la broma luego, me di cuenta de que no lo era.

Me paré ante ti y tomé tus manos tan cálidas, me encantaron; fue como tener tu alma entre mis manos. Te ofrecí mi cuaderno y al leerte comprendí todo; un flechazo divino nos había unido. París encendió sus luces y nos regaló un milagro. Desde ese día nos amamos en todos los idiomas, aunque ninguno tenga sonido, sólo el rumor de nuestros besos y el fragor de nuestro amor.

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