La Guerra - MICRORRELATO


Tenía una manera particular de decir las cosas, así peyorativamente; siempre alguien salía incómodo de la conversación. Era imposible la convivencia en esas tertulias estivales, era una pena verlo maniatado por el odio; sus reproches lo tenían prisionero.

Sus manos ahora estaban libres, la vida ya no lo habitaba; la muerte las había desatado, fue una liberación necesaria. Nos quedamos en paz, era terrible escucharlo, el grito y la palabra. Fue en en otros tiempos, lo que pasó no tenía nombre, no basta con acordarse. La carne lo siente todavía y los oídos dolerán eternamente. 

Volvimos todos juntos, envueltos en hermosas historias para borrar el dolor pasado; recuerdos tiernos de la infancia, el afecto de los abuelos, el regaño de nuestros padres, tan necesarios como las caricias del amor.

La batalla ha terminado. ¡Tuvimos que accionar, eran ellos o nosotros! Siempre es así en la guerra, para continuar viviendo hay que matar primero. El corazón se desintegra porque todos somos hijos de la tierra.


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