Siempre Bajo el Único Cielo - OTROS RELATOS

Por tanto saber, no sabemos nada. El sentido común nos abandona, asustado por nuestra prolija barbarie. El grito de la bestia que guardamos dentro nos desampara y no nos damos cuenta. Ya no existe el miedo, sólo impera un espanto que compite con la cordura.

La conciencia vencida no frena los impulsos y el desgobierno es absoluto. ¡Oh, amigos! Se asoma la tormenta; se enciende el cielo y no hay cobijo. Aquella voz tan interna y tan nuestra ha callado. ¿Recuerdan? Se llamaba ‘instinto’. Nosotros lo combatimos con la espada de una egoísta sabiduría mal administrada.

¡Cuántos tesoros perdidos! Un enorme botín para otros piratas, esos que pretenden dominarnos, esos que, muy callados, beben nuestra sangre y no nos damos cuenta. Sin escudos ni blindajes, en el silencio de la soberbia, reímos creyendo ser vencedores sin saber que somos vencidos.

¿Por qué no miramos a los animales? La perra protege a sus cachorros. La leona cobija a sus hijos entre las mamas. Los machos defienden su territorio y el famoso ‘animal racional’ escupe al cielo. Es que todavía no descubre que ha muerto. 


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