En la Penumbra - MICRORRELATO

Aún te veo corriendo por el parque a los cuatro vientos. Ahogada de alegría venías a mi encuentro en los atardeceres de aquella primavera; nunca llegabas a tocarme siquiera. ¡Hace tanto tiempo! Exactamente veinte años de mis veinte años; eras una ilusión, corrías para otros brazos y los besos para otros labios.

¿Por qué es tan cruel el amor de uno solo? Un solo corazón, un solo latido y después, la penumbra envolviendo la imagen que se aleja entre las sombras de un silencio perverso. Y la irónica carcajada de un destino que se burla engañando mi alma, esperando que el soplo de un milagro provoque la magia de una caricia, y así, descubrir al amor que todavía no conozca.

Hoy lloro mis sesenta; hace cuarenta años de mis veinte y te descubro descalza en el parque, tanteando en la penumbra. Un milagro me soplan en el oído; voy a tu encuentro. Mis manos no pueden tocarte, atraviesan tu cuerpo pero tus ojos me miran por primera vez. Estás etérea, la humedad de la hierba no te daña y la noche no te oculta. Estás viajando señora y en tu trascendencia me buscas y te encuentro, acompañando tu paso incierto.

Una brisa muy suave nos impulsa. Vivamos este embeleso aunque sea tarde. La penumbra nos va cubriendo y me ahogo en el viento y tu figura se hace carne. Hoy te abrazo mi princesa, este final es un principio y la calidez de tu sangre ya entibia mi solitario corazón.


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