Detrás de las Cortinas - RELATO BREVE

Las cortinas están corridas, no tardaré en abrirlas. La curiosidad es grande, ya no puedo más. La tela comienza a flamear, parece un telón que se agita; un viento tibio mueve colores y aromas que pretenden entrar empujando los vidrios de la ventana. ¿Es acaso una tormenta? 

Me dirijo al ventanal, quiero quitar el cerrojo. Mi paso lento me traiciona, el viento furioso me gana y abre las hojas de cristal. Un rumor de voces y carcajadas me sobresalta, entonces asumo mi mano hacia afuera y algo la detiene. 

Todo se aquieta y me veo una niña casi adolescente que me sonríe, no me suelta, parece retenerme en una ráfaga del pasado; yo también aprieto su mano, y con la otra arreglo el flequillo que el viento de los años ha desordenado.

El uniforme azul desparrama nubecitas de tiza. Una brisa ligera hace volar pequeñas hojas de un calendario amarillento. La “señora vida” dijo ‘presente’ y el reloj sopla las horas perdidas, aquellas florecidas y perennes, todas las que he vivido.

La niña se despide y desprende su mano blanca, entonces me incorporo sobre el dintel de la ventana y una fuerza poderosa casi me absorbe y me lleva, pero el ancla de los años me afirma y me vuelve a plantar como si fuera una rosa.

Una tempestad se prepara con vientos de agua. Voy en busca de los que amo y los salvo. Nadie me ha visto, el viento se hace mi dueño y comienzo a vagar en un torrente de suspiros, anhelos esparcidos como semillas. Ahora soy el viento, lucho sin tormenta.

Me detengo y miro el surco, está bien labrado. Grito el Triunfo esperando el fruto. Regreso a mi lugar, el mareo domina mi pensamiento transformándose en palabras.  Busco el espejo, ese señor burlón que me contempla; hay una mujer, la saludo.

- ‘Buenos días señora, ¿puedo contarle una historia?

Ella me dice con una voz grave, como angelada:

- ‘Ya  la conozco, pero me gustaría volver a oírla’. 

Un viento suave acaricia mi frente y desordena mi flequillo plateado.


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