Las paredes oyen, las palabras no mueren, se guardan en un cofre de angustias pero alguien siempre consigue la llave y afloran los ocultamientos que solucionan transitoriamente cosas; esos baches de la vida que oscurecen los caminos y se hace costumbre hacerlo.
¡No le cuentes, no le muestres! Mejor guárdate, la gente no entiende, no quiere agregar miserias ajenas, le basta con las suyas. Y así, van juntando un bagaje de porquerías que no arreglan. Acumulan basura, tal vez podrían rescatar algo de ese baúl de vergüenzas resolviendo encrucijadas y dilemas.
Ese silencio pernicioso, que sepulta confesiones, se cree el amo y señor de nuestras conciencias; hay que destronarlo, sino estaremos dominados por la costumbre. Si la copa se rompe, o el cristal de la ventana estalla, algo se derrama, o el pecado se insinúa no importa que todos se enteren, mañana es tarde.
Callando se sepulta el alma y perdemos la identidad y la paz de nuestros corazones; tarde o temprano alguien nos hará preguntas. Descubramos ahora el velo de la transparencia dando vida a secretos olvidados.

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