
Abrí mi libro pretendiendo sumergirme en las vidas de una novela apasionante, acontecimientos históricos matizados con el amor y el romance. De pronto un murmullo de frases inconexas interrumpió mi lectura, creí que delirabas. Toqué tu frente y comprobé que no era fiebre. Dicen que hay que respetar el lenguaje del sueño; aquí todo es fetiche, conjuro y misterio. Lo aprendí hace tiempo cuando tu padre y yo elegimos esta tierra para alcanzar nuestra meta.
Así que decidí observarte en un estado de alerta pues, al menor sobresalto que te hiciera sufrir, te despertaría nuevamente. Algo musitabas pero con una sonrisa y la palabra papá, entonces me inquiete pensando en tu angustia. No lloraste cuando tu padre murió, el dolor de la pérdida prematura adormeció tus emociones; dejaste de reír y de llorar. Te convertiste en un imperturbable muchachito taciturno.
Te oí murmurar algo como ‘Hola papi’ y me quedé tranquila. Intuí que ese estado de vigilia profunda te estaba curando y proseguí con mi lectura.
Al despertar me dijiste:
- ‘Hola mamá, ¿dormí mucho? - y te reíste -.
- ‘¡Ay Ma, tengo mucho hambre! ¿Me haces un licuado? Dale…’
No terminaste la frase, cuando salté hacia la cocina tropezando con la maceta de albahaca.
- ‘Jaja, dale mami, no te caigas’.
Cuando regreso con el vaso de licuado me decís:
-‘Ah, soñé con papá, ¿y sabes lo que me dijo? Que estoy muy haragán. ¡Tiene razón! Eso no puede ser, porque ahora soy el hombre de la casa. Ah mami, me olvidaba de decirte... Te quiero un montón’.
Te oí murmurar algo como ‘Hola papi’ y me quedé tranquila. Intuí que ese estado de vigilia profunda te estaba curando y proseguí con mi lectura.
Al despertar me dijiste:
- ‘Hola mamá, ¿dormí mucho? - y te reíste -.
- ‘¡Ay Ma, tengo mucho hambre! ¿Me haces un licuado? Dale…’
No terminaste la frase, cuando salté hacia la cocina tropezando con la maceta de albahaca.
- ‘Jaja, dale mami, no te caigas’.
Cuando regreso con el vaso de licuado me decís:
-‘Ah, soñé con papá, ¿y sabes lo que me dijo? Que estoy muy haragán. ¡Tiene razón! Eso no puede ser, porque ahora soy el hombre de la casa. Ah mami, me olvidaba de decirte... Te quiero un montón’.
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