Lucía - MICRORRELATO


La luz era su enemiga, la niñita no quería mostrarse, prefería la sombra de su cuarto de juegos; allí sólo brillaban las pelotas, los ojitos de las muñecas y sus dientes. En ese claroscuro ella se sentía muy bien. Cuando su madre la llamaba para almorzar, abría la puerta lentamente y ponía su manito sobre el entrecejo evitando que el resplandor la cegara.

Lucía no precisaba encender ninguna lámpara, ella era toda la luz.
Los veranos para ella eran insufribles, la agobiaba el calor; ella sabía que el sol era luz y que la luz producía calor.

Los tiempos pasaron y un día Lucía se miró al espejo en la penumbra de su habitación. El metal de su cinturón se acopló a los bordes del espejo produciendo un destello de luz. Comenzó a llorar y sus mejillas se bañaron de sal. Encendió una lámpara, secó su cara y se encontró con una muchacha brillante bañada de luz


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