Los Pensamientos de Funes - RELATO BREVE


Aquel muchacho habitado de ausencia deambulaba en callejones del pueblo, el campo, como figura de fondo, delineaba personalidades. Irineo era un ejemplar de ellas sigiloso caminante perpetuaba una existencia furtiva en un tiempo especial, mirando la vida desde un lugar oculto que sólo pergeñaba con una mirada distante, como quien observa desde un lugar sagrado y provisorio.

Su paso ligero preparando una carrera de huida ignorando un destino;. Un accidente fortuito, la caída desde un brioso redomón lo dejó inmóvil en un catre, ya no podría moverse. El silencioso pesar de estar quieto se transformó en una resignada condena a la cual le asignó una misión, el poder de la memoria, prodigioso milagro que crecía día a día.

Sabía los códigos de la naturaleza, las voces de los colores y un registro de formas que se acumulaban bajo un orden numérico o silábico. Fue capaz de inventar un lenguaje tan inverosímil como posible, explicando los procesos. Algunos aseguraban que ya no podía pensar, que la vorágine de su memoria apagaba las luces de sus pensamientos.

Irineo administraba esa catarata de imágenes exactas eligiendo, incluso, el turno de su sueño. Así conducía sus descansos acudiendo al ‘registro de las voluntades’ que, guardadas, esperaban las órdenes de un pensador matemático. Este joven dueño de inagotables recuerdos se decía, ‘mi memoria señor, es un vaciadero de basuras’.

La tutela de la inteligencia vigorosa lo hizo aprender varios idiomas, la memoria monstruosa devoraba con avidez todo lo acuñable, sin ambición ni delirio, sólo pensaba en contemplar el mundo que se rendía a los pies de su incansable observación. Pero Irineo Funes una vez se rinde y el límite de su cuerpo le dice ‘basta’.

La muerte se lo lleva y no pudo decirle nada. Pensó que ya era hora de cerrar los ojos, entonces, contaría las estrellas con las manos.

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