
Las primaveras se oscurecían y, al enfriarse, enmudecían la naturaleza. Ella hablaba con todo el mundo de esto, de una señora rubia cincuentona, siempre apurada y ladrona, brotando de la nada, llevándose todo.
Una tarde de diciembre ella no quiso hablar, el sol le hizo cosquillas en la frente, ella no pudo decir nada. Alguien la arrebató. Tan rápido y tan fugaz fue el robo, que no se dio cuenta.
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