(Basado en “La Casa de Azúcar” de Silvina Ocampo)
‘Soy otra persona, tal vez más feliz que yo’, al oír estas palabras traté de ignorarlas y me sumergí en las páginas del diario. Un sopor me sacó de esa realidad tan cruel y una nebulosa envolvió mis sentidos. Me dije ¿esto es un sueño?, pero aún no había terminado.
Divisé en la penumbra de mi vigilia a dos mujeres unidas en un abrazo.
- ‘¿Qué es esto Cristina? ¿Con quién hablabas?’
- ‘Con nadie mi amor. Lo que sucede es que te quedaste dormido’.
Intento incorporarme y me sorprende nuestro perro ‘amor’ con su enorme patas sobre mi pecho. Estoy azorado. En eso, llega a Cristina, que había ido al dormitorio, con el vestido rojo entre sus brazos diciendo:
- ¡Ay, mirá amor lo que hiciste con mi ropa! Esa manía de acostarte en nuestra cama; lo arruinaste, el terciopelo ya no sirve. Bueno... yo estaba muy usado. ¡Al diablo con este vestido!
El perro corre hacia ella dándole unos húmedos besos caninos en las mejillas. Miro a Cristina y la deseo como el primer día.
- ‘¡Mi vida, has colgado más pececitos! ¡Te amo Cris, ¿qué haría yo sin tu amor y la casa sin tu energía?

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