
Ya estoy en el fondo del mar.
Hay grandes piedras marrones y, detrás de ellas hay un barco viejo, quizás no tanto, parece que hace poco que está aquí. Aún la vida está en él. Se respira el aire exterior y el cálido sol todavía templa sus metales callados.
Estoy dentro del barco y no me aterra la idea de cuál lejos estoy de la superficie, de la vida. No tengo apuro en regresar...
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