
hablando el lenguaje del coqueteo atrevido dedicado a nadie
A veces, es soltar la poesía en la libido, sentirse liviana y confesa.
Entrega la danza ofrecida que traza movimientos rectos,
flexiones elegantes con la osadía de la provocación.
Esta mujer, siempre asida al cordel que marca su perímetro,
el cual no es muy amplio, aunque en ese breve espacio,
expresa a pesar de todo, su dinámica sostenida por la cuerda.
No puede ser libre,
sus movimientos tienen, quien sabe que, un límite extraño.
Tal vez, algún día, soltará las amarras en otro muelle.
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