
Un mate en la mañana fresca de un invierno cruel y ventoso,
el primer sorbo caliente espumoso,
el impulso mañanero para poder empezar.
Miro a través de mi ventana, el jardín salpicado de hojas
y rosas desarmadas por el viento.
El sabor tan íntimo entre el mate y yo,
sensación de protección y cobijo al despertar.
El brote de la primera energía de un nuevo día,
tan simple, tan valioso, acorde con mi estado de conciencia.
Sabor de campo, sabor desde la raíz de la tierra,
hoy aquí habita en mi cocina.
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