Me asusta tu infinitud, es como un profundo laberinto verde, muy verde, entreverado de sombras hasta que llego a la luz, a la sal, al rumor, al rugido voraz de tus fauces enormes.
La espuma en la orilla acaricia mis pies fríos. Los entibian, me abrigan, sin embargo, ¿cuál es tu verdadero propósito?
Los barcos roban la intimidad que tenemos cuando estamos juntos, los peces también; no quiero que nada perturbe este coloquio nuestro.
Los puertos tienen una necesaria dinámica, un ir y venir de personas rutinarias que no te dan nada y te piden todo.
No te enojes, yo te escucho y te espero siempre en la arena tibia, cuando cansado avanzas al atardecer lamiendo las arenas que, sedientas, se entregan a tu manto helado y recurrente.

Comentarios
Publicar un comentario