Cerré la puerta, grité perdiendo la noción del tiempo sin saber a dónde iba. El hombro aliviano, la falda con poca cosa... Mi caja de cuero con la boca cerrada ya no estaba.
El olor a despojo invadió el colectivo, quise bajar de inmediato pero alguien me detuvo; una voz muy fuerte, que sólo yo podía oír, me aconsejó esperar, le hice caso.
De pronto toqué las llaves dentro del bolsillo; nadie podría entrar a casa. Un aluvión de supuestos y conjeturas me aturdió tanto que aquel cuadrado negro brilloso ya no me interesaba.
Pero había perdido mi sombra y sus testigos. Grité en silencio, todos hablaban al mismo tiempo.
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