(Adrogué, 24 de abril de 1960)
La bicicleta era negra, de ruedas anchas, gomas nuevas con un dibujo perfecto. Cae la tarde sobre Adrogué y la noche se desliza sobre el parque.
Durante la siesta, dormida sólo por algunos adictos, escucho la máquina a rodillo, que anima esta tertulia entre mi jardín y el sol, entre los rosales de mamá y la profanación de los malvones; quedan muy originales incrustados entre los insípidos gladiolos. ¡Celia, cómo te engañé! Creíste en los falsos injertos y asombrada tratabas de explicarte esta sorpresa.
El otoño me estaba echando y mis creaciones botánicas se desvanecían en la capilla del colegio donde confesaba cuántas palabras mato y cuántos pensamientos mueren.

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