El Bailarín - RELATO BREVE


En este tedio que a veces me acosa, renuevo la falta de tolerancia de estos días impíos en donde los huecos de mi existencia son imposibles de llenar. Camino por los cuartos, todo está impecable, la inmutabilidad de la materia que no se ensucia y la pulcritud adueñándose de las horas de soledad.

De pronto, observo la caja musical, descansa sobre la mesa vestida al cobijo de una majestuosa lámpara de cerámica que enciendo en cada atardecer. Esta cajita era de mi madre, negra azabache brillante, pequeño monumento de laca con las iniciales en una caligrafía gótica dorada; "MC" en su tapa. La toco solo para quitarle el polvo; ella también es víctima de la inmaculada vida que aquí se consume.

No se la escucha desde que mamá murió, ella era la única que la abría en algún momento del día. Voy a probar si funciona todavía. Mmm... me gusta la melodía, creo que jamás le presté atención y el bailarín... ¡Qué figura! Hermoso, rubio y sus ojitos tan pequeños y picarones; una boca bastante sensual para ser un muñeco de porcelana. ¡Ay, que locura! Me puedo llegar a enamorar.

Pensar que mis amores se rompieron como si hubieran sido de porcelana. Bueno, intento bajar la tapa. No puedo. Lo contemplo una y otra vez, estoy fascinada; me inquieta este hombrecito y su vida giratoria. Sorpresivamente se ha detenido y nos miramos. ¡Ay, qué flechazo señor!

Bajo la tapa, esto no puede ser. Veo la hora en el carrillón, las doce. Vuelvo a la rutina, muy obnubilada por cierto. En fin, ya me pasará. Enciendo la lámpara verde, me tiento, abro la puerta de este mundo especial y le hablo al buen mozo bailarín:
-'¡Hola tanto tiempo encerrado! Conversemos un poquito’.

Su boca se estremece, algo dice que no llego a comprender, solo es un muñequito, pero virtualmente adivino sus palabras. Su noria ya no existe. Ahora me habla tan quieto como un hombre. ¡Qué horror, estoy enamorada del bailarín! Mi corazón loco de abandono se equivoca y la pasión se internaliza en mi cuerpo. Me arroja con su manito un beso apasionado que, a pesar de la distancia, llega a destino.

Tenemos un romance pero le digo que no deje de girar, adoro su danza. Este hechizo jamás terminará,  es amor verdadero. Quiero tocarlo y me acerco. Está tibio, hay vida en él. Me besa el dedo y suspiro suavemente despeinando sus cabellos. El alma es de porcelana y puede estallar pero el corazón es real y está cautivo en mi pecho, sin embargo, mi hombrecito bailarín pertenece a un mundo especial.

De pronto, me doy cuenta de que estoy bailando con él dentro de la caja de música. Me asombro. He conquistado este universo, ahora soy igual que él; nos fusionamos en este baile, es un vals, el de los novios. Nuestros cuerpos se fundieron para no separarse jamás.

Este es nuestro lugar, en el que podemos hablar. Mi ropa ha cambiado, ahora luzco un vestido de bailarina, esponjas rosadas y blancas haciendo juego con el traje de mi adorado bailarín. La tapa de esta caja no se bajará nunca más.

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