¿Dónde Queda el Baile? - RELATO BREVE


Los vidrios proyectan la opacidad de la tarde poblando de sombras el cuarto. La radio muda y llena de polvo es un testigo de la agónica vida que aquí se desgrana, como esas flores que se desintegran antes de morir. La mesa está plagada de retazos y de flecos grises, azules y marrones, de carretes de puntadas viejas y las agujas tan sólo iluminan este cuadro triste que estoy viendo.

La puerta se abre y ella la cierra despacito con el pie izquierdo y, forzada, la llega lentamente a la mesa. ¡Cuarenta pantalones, cuántos ojales, cuántos bostezos! Marina tiene cuarenta años, la sola de siempre, alegre de a ratos de felicidad prestada, ella la elige y la consuma como propia.

¡A coser Marina! Obediente a esa orden imperativa, tan interna como su respiración, comienza la tarea. De improviso el silencio se rompe y una música cercana la sobresalta, le gusta, la embelesa.
- '¿Qué sucede Marina?'. Abre la ventana y el patio le devuelve una caricia, Antonio Prieto la invita a bailar, te fascina y caen los hilos de tu delantal. 

Cada año, no importa si es enero o agosto, sus manos arman un vestido que nunca estrena, como muñecos de trapo sin vida, todos están colgados.

Marina sale al patio y la melodía es aún más intensa; cuatro baldosas marcan el perímetro de su baile, está azorada pero sus pies no se detienen, continúa bailando. 
De pronto estás en el zaguán, abres la puerta.
-;'Cuarenta Marina, cuarenta!'

La calle la conquista y corres tras Juanita que taconeando se aleja por la vereda. Va muy apurada pero la alcanza.
- ‘Hola, ¿Cómo te va?
- ‘Bien, ¿y vos? ¡Estoy retrasada, chau, hasta luego!’. le dice mientras la organza flamea en el viento, entonces Marina agitada, casi con desesperación pregunta:
- ¿Dónde es el baile?

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