La naturaleza lo merece todo,
hay que pintarla, hay que cantarle al oído.
Los colores se derraman en cascadas,
los perfumes hablan por sí solos y
la Tierra nos contiene y nos impulsa.
Todo brilla y se agita, si así no fuese,
nadie descubriría las opacidades y
las amargas copas servidas que calman
la sed cuando las otras están vacías.

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