Aquellos Ojos - MICRORRELATO


La seguí por la calle sin que ella lo advirtiera, casi acariciando sus pasos perdidos cubriendo con los míos su marcha cansina. Me adelanté entonces para interceptar su camino pero no pude, no tenía derecho a irrumpir en su vida, ni siquiera había intercambiado palabras. Sólo la observé a distancia y eso me bastó para leer el lamento de unos ojos brillosos con la febril mirada del llanto contenido.

Hay veces en las que no se puede llorar, como si en los ajustes del alma se aflojara una pieza clave en el engranaje del corazón.

Así se sucedieron los días hasta que una tormenta inesperada nos acercó ante un enorme charco, nuestras pisadas se amontonaron suavemente evitando resbalar en la humedad de la lluvia pródiga y cómplice.

Tomamos un café reconfortante en el barcito de la esquina mientras los abrigos descargaban las gotitas de ese chaparrón tan oportuno. Mis palabras también se pusieron a trabajar, secaron las lágrimas de aquellos ojos y me quedé azorado... Surgieron otras pero, éstas, eran de alegría.

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