Estoy en mi escritorio ordenando mis días de textos plasmados en las tardes celestes que visitan mi espacio literario. A veces oigo un murmullo de voces, son las sombras, van llegando presurosas para encontrarme y nacer con presencia ante mis ojos. Me visitan saludando mis páginas, todas quieren ser las primeras, no siempre se quedan conmigo, se despiden y vuelan al cielo de las figuras muertas.
Pero hay una recurrente y solitaria, no se deja ver muy seguido pero se que está, en el justo momento en que desaparece el hilo conductor y me pierdo en el pentagrama de las palabras. Hay tanto que decir, el caudal es grande y arrastra la corriente, entonces no hay principio ni final.
Un día de los tantos de esa lectura de textos en donde el compromiso se instala y el profesor espera, la sombra se hace imagen y es Javier, el que administra los turnos de nuestras producciones, lo abordamos con los pedidos y es incentivo para culminar los textos y poder decir “me anoto para los dos textos” el próximo lunes.

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