
Perfecto coloquio de la piel inquieta, un lenguaje de caricias remotas como si alguien recibiera estos mensajes, preciado secreto de una pasión.
El flamenco se insinúa, por eso las manos ondulan un embrujo fascinante, como queriendo abrazar el aire que se escapa, persiguiendo una quimera inalcanzable, siempre se va.
La muchacha firme en sus raíces se menea sin abandonar el espacio perpetuo que la sostiene, así, se desvive entregándose al movimiento una vez más.
Finaliza alabando esta ceremonia que ella sola celebró, alza sus brazos rendida y jadeante…
… La entrega es un hecho, su expresión un adiós.
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