
La niña alaba el misterio bailando, moviendo su cintura y sus brazos despliegan la inocencia sin saber por qué, el agua purifica y la alegría de libertad nace como caricia de poder vencer todo lo que se oponga y comenzar a ser.
Lluvia copiosa que no castiga, solo penetra en el corazón cantando su melodía fresca, la Madre Natura despierta de su silente estadio y nos invita a la fiesta de charcos y gotas. Comienza la función.
La niña goza embelesada recibiendo un chaparrón, agradece con el lenguaje de su cuerpo, se empapa con placer, está viviendo un trance de fascinación.
Cuando la lluvia cese ella dirá... ¡¡¡Gracias Señor!!!
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