
Aquí suspendido te observo con la ventana abierta extendida,
veo toda la planicie poblada sin vida,
todo está muerto desde aquí arriba.
Silente, la cocina apagada de hervores y fluidos,
la mesa redonda colmada de cosas rotas sin tiempo ni medida,
un cigarrillo agoniza y derrama su cilindro de ceniza,
acá estoy esperando las horas fantasmas
que se empujan para sumarse al abandono.
Fuga de la llave, no me importa,
estoy dentro de la casa aunque no soy presencia todavía,
estoy desnudo aquí, no hay fiesta o no me han invitado;
debería vestirme quizás, con un trozo de nube, debería…
Recuerdo el mordisco que se hundió en la manzana,
era tuyo o mío, no sé quien fue el primero,
ahora se pudre olvidada en este final detenido.
Escucho tu voz, viene del baño, siempre cómica y desafinada,
pero nadie está en la ducha, ya nadie canta en la madrugada.
Ahora pienso y elijo perderlo todo antes de no tener nada.
Junto mis pesares y cierro la ventana.
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