Me pierdo en el camino y no sé regresar, no sé dónde está la puerta, adónde debo llegar. Solo veo el sendero yermo de señales y no puedo avanzar.
Todo barco tiene puerto, no encuentro el mío, estoy cansada de navegar. Necesito un cobijo para descansar. De mi boca salen solo palabras, mariposas de libertad.
¿Quién me habita? El péndulo de mi corazón, casi imperceptible, me da vida y nada más. De pronto mis mejillas se mojan y detengo mi marcha. Se dibuja una puerta y se abre sigilosa. Una mano me acaricia y me brinda un pañuelo; alguien está conmigo y me dejó entrar.
Cierro la puerta, camino segura y me veo en el espejo. Sonrío con el estupor de un cálido reencuentro, mi eje fatigado me sostiene aún. Me estoy habitando, la casa estaba vacía, no quiero abandonarla jamás; ella soy yo, aquí estoy.

Comentarios
Publicar un comentario