
Hoy te adivino en las sombras de una esperanza, esa con color de promesa, que me hice al verte en el silencio de unos labios apretados que no me permiten decirte el dolor que me causa nuestra distancia.
Solo yo sé lo que es estar contigo en el flagelo de una amarga indiferencia, es la presencia muerta con la sonrisa helada de la crueldad, esa que corta como un estilete nuestros alientos asesinando un beso.
Mi mano tiene memoria, recuerda la tersa fragancia de tu cuerpo. Sacudías tu melena roja sobre mis mejillas provocando una pasión correspondida. Te imagino solitaria en otros jardines esperando las gotas de rocío para apagar el ardor de nuestro viejo amor.
Si aceptaras mi perdón, terminaría vencido el orgullo, el verdugo cobarde que mata por voluntad ajena. Te veo tentadora, vacilante, confía, obedece a tus manos, ellas necesitan las mías.
Me voy a descansar en los brazos del ocaso, la noche me espera para acunarme, pero solo puedo dormir en los tuyos, ¿es esto un sueño y aún no te has ido? Eres mi creación y no has nacido, te seguiré buscando en cada boca hasta encontrar la tuya.
No, se aclara la bruma y entonces comprendo que te he perdido.
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