Pensamientos - RELATO BREVE


Estoy en una plaza cercada como todas, en la capital por lo menos. Entro respirando el aire profundamente en una tarde prometedora, los verdes resaltan sus resplandores y una chicharra acompaña este paisaje de estío.

Sentada en este banco blanquecino la piedra me sostiene, algo se proyecta en este instante y una presencia se sienta a mi lado. Me sobresalto al reconocer a Julio Cortázar, esfumada su imagen, claro, por la travesía de los planos no pueden tener el soplo de la vida, pero sí el recuerdo por mí solicitado.

Hola Julio ¿cómo le va? Disculpe el íntimo trato que le estoy dispensando. Ya sé que esto va a ser un monólogo, creo que usted no puede contestarme pero su silencio sí lo hará.

Lo vi y presencié una vieja entrevista con un periodista, como siempre sus palabras sagradas para mi, así que presté mucha atención. Usted habla de su desprolijidad cuando le sobreviene algo que decir, algo que se despierta en su alma, ¡Igual lo plasma Julio y no sabe cómo llega!!! Sí que lo sabe el eco de nosotros, sus lectores, que se lo hacemos saber. Su mano y su pluma hacen maravillas, no importa el papel o la máquina, el trazo de su prosa nos envuelve y la picardía de algunos textos nos acerca aún más.

Estoy oyendo su particular forma de expresarse, tan convincente y sincera, voz de amigo, de persona a persona. ¡Cómo me hubiera gustado estar en su vida, entrevistarlo por lo menos. ¡Pero qué digo, si estamos hablando!

- Perdón por mi charla.

 Se apaga la tarde y la figura de este hombre se hace nítida en un sepia brillante, entonces Julio extiende su mano y me dice “Gracias, siga escribiendo…”
 

Comentarios